Un regalo que no era una videoconsola

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Si nos damos cuenta de un tiempo a esta parte no sabemos ni que regalar a nuestros hijos, hace poco hasta las noticias se hacían eco de lo mucho que solemos gastar en estos tiempos en comuniones, las cifras eran realmente escalofriantes ya que solo en reportajes de fotos, el salón, la ropa utilizada y los cientos de regalos que se les hacen se gasta una cantidad indecente de dinero impensable para los tiempos en los que vivimos. Claro como en cumpleaños, premios de notas y los Reyes Magos ya intentamos hacer los mejores regalos, cuando llegan este tipo de celebraciones nos quedamos sin apenas ideas o nos vamos a las que son consistentes, es decir a las que más cuestan. Por supuesto los regalos estrellas suelen ser las tablet, teléfonos de última generación, videoconsolas los últimos modelos que hay en el mercado y así un sinfín de nuevas tecnologías que cuestan un ojo de la cara.

La verdad que creo que hemos llegado a unos tiempos en los que nos quedamos en blanco a la hora de elegir regalos, atrás quedó la muñeca de comunión, el diario, unos libros interesantes, dinero, eso siempre los abuelos, la bola del mundo tan famosa en todas las comuniones, incluso una cámara de fotos, desde luego eran otro tipo de regalos que a los niños encantaban y que los disfrutaban un montón. Pero en nuestro caso yo he querido hacer algo distinto, me niego a que mi hija solo crezca con nuevas tecnologías entre los dedos, a salir a un parque y en vez de tirarse por el tobogán se pase el rato viendo videos en youtube de sus dibujos favoritos, a salir al campo y tener que llevarme la videoconsola porque si no es incapaz a jugar en medio de la naturaleza. Es por eso que a mi hija el año pasado miramos unas casetas de madera en barcelona ideales para poner en cualquier patio o terraza o cualquier parcela en el campo, monísimas donde ellos juegan a llenarlas con sus cosas favoritas, aprenden a valorar algo que cuesta y es cuando de verdad nos damos cuenta que se van haciendo responsables. Está bien que usen las nuevas tecnologías pero que primero aprendan a ser niños, y no que antes de salirles casi el primer diente ya saben utilizar el teléfono móvil de sus progenitores.